Inma Aguliera: «Mi abuelo era joyero y sabía que esa sensación, o esa conexión que yo tenía con ese mundo, tarde o temprano la iba a volcar en una novela»

<<Entrevistamos a la autora malagueña tras la publicación de su última novela «La Hija del Joyero». Inma Aguilera es doctora en Educación y Comunicación social. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Málaga y cursó el máster de Radio de RTVE en la Universidad Complutense de Madrid. De regreso a su ciudad natal se especializó en locución y doblaje, poniendo voz a documentales y audiolibros. Al mismo tiempo, inició un nuevo camino profesional como docente e investigadora en la Universidad de Málaga. Con La dama de La Cartuja inauguró una nueva etapa en su carrera literaria que le mereció el reconocimiento al mejor libro revelación en los premios Un año de libros 2024. Poco después, concluyó esta apasionante saga histórica con La pintora de la luz, ganándose una vez más el aplauso de la crítica y los lectores. Ahora, con La hija de joyero, se confirma como una de las autoras más talentosas del panorama editorial en nuestro país.>>

¿Quién es Inma para quien no conozca tu proyecto?

Inma: Pues supongo que una persona a la que le gusta inventar historias. En este momento de mi vida es cierto que imagino mundos ocurridos en otras épocas atrás y protagonizados por mujeres que quieren pelear por sus sueños.

Comenzaste publicando «El aleteo de la mariposa». ¿Qué recuerdos guardas de aquellos inicios?

Inma: Hombre, sobre todo un estallido de ilusión, incluso de incredulidad, porque, claro, publicar para mí era como una cosa superlejana y muy imposible. Entonces, claro, ese premio me vino a dar una oportunidad para compartir mis historias, por lo menos esa historia concreta con la gente, y además era una historia muy loca, es una historia muy loca y me hizo sentir que todo era posible. Entonces, pues claro, ya empecé a divagar para siempre, ya no había quien me parara.

Supongo que la evolución de esa primera historia habrá sido bestial…

Inma: Yo creo que sí, porque pienso que una no es la misma, la experiencia cambia. Una se va haciendo mayor, vive otras cosas y tiene otras perspectivas, se te abre el mundo. Entonces, por ejemplo, a nivel formal sí que noto que antes me centraba mucho en los diálogos y apenas describía. Y ahora, en cambio, mi narrativa se ha engrosado un poquito más. Ya me gustan los diálogos, pero noto que me gusta recrearme más en los escenarios, en los detalles. Yo creo que en el fondo, las protagonistas, los protagonistas, las situaciones descabelladas siguen estando en la misma línea.

«Ese premio me vino a dar una oportunidad para compartir mis historias, por lo menos esa historia concreta con la gente, y además era una historia muy loca, es una historia muy loca y me hizo sentir que todo era posible».

Recientemente has publicado La hija del joyero. ¿Desde cuándo llevas escribiendo esta novela? ¿Cuándo te surge esa primera idea?

Inma: Hombre, yo creo que, como querer, quería escribir una historia de joyeros desde hace mucho, por el tema de mi abuelo materno. Él era joyero y, entonces, yo sabía que esa sensación, o esa conexión que yo tenía con ese mundo, tarde o temprano la iba a volcar en una novela. Y de hecho, ya había hecho algunos borradores de ideas hace bastante tiempo, pero es verdad que, cuando terminé La pintora de la luz y estaba pensando qué hacer, era una de las propuestas que tenía con las editoras y pensamos que podía ser una oportunidad estupenda y un temazo para tratar. Así que, bueno, lo que tardé entre La pintora de la luz y sacar este, claro.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación? Porque para nombrar las gemas, habrás tenido que saber propiedades y todas estas cosas…

Inma: Yo tenía una base ligera por lo que había visto en el taller de mi abuelo. Un poco sí. Y recordaba muchas cosas y, de hecho, hay muchas cosas en la novela que pasaban realmente entre los dos. Por ejemplo, yo tenía una discusión con él sobre las perlas, porque a él le gustaban mucho las perlas y a mí no, porque es la única piedra que no se puede alterar. Las demás sí se pueden tallar, incluso los ópalos y el nácar. Las perlas no, las perlas son muy engreídas. Entonces, claro que había muchas conversaciones que yo retenía y recordaba, pero es verdad que cuando tuve que ponerme a escribir la historia, me di cuenta de mi gran carencia de conocimiento en técnica y, efectivamente, en propiedades. Conocía las piedras preciosas más básicas, pero no conocía más detalles sobre el peridoto, la malaquita, la aguamarina, el ópalo, si cabe. Entonces, he tenido que hacer un proceso de lectura profunda, consultar muchos manuales de joyería, ver muchos vídeos en YouTube de orfebres trabajando y cómo usan las manos y qué hacen en general. Pero eso siempre lo hago antes de una novela.

Inma Aguilera con La Hija del Joyero

¿Has tenido la oportunidad de adquirir uno de los minerales que salen en la historia? ¿Te ha dado esa curiosidad?

Inma: Sí, porque es cierto que ya me pasa que vaya a cualquier joyería o tienda y, si hay un zafiro, un rubí o una esmeralda, obviamente lo miro con más atención. Pero también me ha pasado, por ejemplo, ir a alguna joyería de un artesano, una joyera artesanal, ver ópalos y preguntarles: «¿Cómo es que tienes esto aquí si esto, teóricamente, para los joyeros da mala suerte?». Y se han reído mucho y me han dicho: «¡Uy!, pero eso es muy antiguo, es de hace mucho tiempo». Y, claro, entramos en el debate y es verdad que es muy curioso cómo han evolucionado muchas cosas, algunos misticismos y cosas retrógradas que había, y les hizo mucha gracia que yo supiera. Entonces, eso sí ha sido muy divertido.

¿Qué unión tienen Málaga y Madrid? ¿y por qué el siglo XIX?

Inma: Hombre, Málaga y Madrid, desde luego, son ciudades que tienen una conexión muy importante para mí. Yo soy malagueña, entonces, mi ciudad nativa, Málaga, y además, porque yo ya conocía por otras novelas que había hecho la historia de mi ciudad, me apetecía mucho recuperarla para esta época y para hacer la protagonista malagueña. Y, además, con esa aristocracia tan bonita que tenemos aquí en Málaga. Y Madrid, porque, aparte de que tiene todo el sentido del mundo, es donde está la corte de Alfonso XII, por cuestiones argumentales, el anillo se va a mover allí, entonces, tarde o temprano, mi protagonista iba a terminar allí. Pero es que también es una circunstancia personal, porque yo con la misma edad que Ágatha fui a Madrid a sacarme el máster, y entonces ha sido como una pescadilla que se muerde la cola, quería contar las circunstancias de una malagueña en Madrid, pero por cosas del argumento, o sea, dije: «Uy, ya que estoy, voy a contar esta experiencia mía». Y entonces ahí yo creo que se vuelca mucho de mis sensaciones y de lo que me encontré. Y el siglo XIX porque es uno en el que yo me siento ya muy cómoda, me parece muy romántico, me gusta, me siento bien allí y esta historia pues había que contarla ubicada allí.

«Mi abuelo era joyero y, entonces, yo sabía que esa sensación, o esa conexión que yo tenía con ese mundo, tarde o temprano la iba a volcar en una novela.»

Sin desvelar mucho, cuéntanos quién es Ágata Girado, la protagonista…

Inma: Bueno, pues sencillamente Ágata es la hija del joyero. Eso es así. Lo que pasa es que este apodo, porque es ya un apodo que ella va a llevar incluso en toda España, hasta Madrid, tiene un doble rasero. Por un lado, es una chica que está muy orgullosa de ser la hija de su padre, porque él es el joyero más importante de Andalucía, y eso le crea una carga que no le pesa, porque ella quiere seguir sus pasos, heredar el taller o incluso la fama de él, que es muy importante. Pero ser la hija del joyero también tiene un problema, que es el que se va a encontrar durante toda la historia y, por lo tanto, el lector en toda la novela, y es que ella quiere ser más que la hija de, la amiga del joyero tal. Ella quiere ser la joyera. La joyera, Ágata Girado. Entonces, vamos a ver a una protagonista que va a tratar de reivindicar esa individualidad y ser ajena a cualquier circunstancia que la rodee, como para ser joyera real, que es su meta más preciada.

Incluso también nos muestras los derechos que no tenía la mujer en el siglo XIX…

Inma: Para ser cualquier cosa, porque de hecho vamos a ver otras profesiones en el libro y hay momentos en los que hay caballeros que llegan a hablar de esas otras mujeres y decir: «Pues no tienen tanto talento». O sea, esa mujer ya tiene un talento extraordinario, hablo en el mundo de la música, sabes quién es. Y llegan a decir que no será por tanto talento, que seguramente es porque se apoya en el talento de otro hombre. Entonces, ese es el concepto de querer demostrar algo más, y una lucha que evidentemente ha estado ahí siempre y es que a lo mejor para tener lo mismo que los caballeros, hemos tenido que esforzarnos el doble y muchas veces hemos conseguido la mitad.

También haces referencia a la política del siglo XIX: el poder corrompía a todo aquel que conseguía un estatus social, pero es que hoy en día creo que sigue pasando lo mismo. ¿Cómo ves este aspecto?

Inma: Pues sí, vamos a ver, es que la novela histórica es un gusto que permite al autor reflexionar sobre cosas actuales, pero con la mirada del pasado. ¿Por qué? Porque además esto es una cosa que yo creo firmemente, no soy la única, porque lo he leído en otros autores y autoras que piensan igual, y es que los sentimientos siempre son los mismos. O sea, cambia el contexto, cambian los ritmos de vida, cambian cosas, pero lo que es el fondo humano siempre es igual y los problemas emocionales son los mismos.
Entonces claro, aquí hay unas circunstancias sociales, políticas, muy circunstanciales de la época, pero sin duda se pueden entender en el presente y de hecho el propio anillo es una metáfora de la ambición, de lo que es querer tener siempre más y a lo mejor eso conlleva unas cargas, unas responsabilidades o unas repercusiones que pueden salir muy caras, más allá de lo que vale una joya o una piedra preciosa en sí.

Podría haber tenido Velasco, ¿algún recorrido más?

Inma: Hombre, Velasco es un personaje muy potente en esta historia y es casi el alter ego de Ágata de alguna manera, porque además se conocen en un punto muy álgido de su desarrollo, de los dos. Se llevan unos pocos años, pero en el fondo crecen juntos. Lo que pasa es que, y esto era una cosa interesante para mí, como insisto, yo aquí quería hablar de la ambición: la ambición del creador. Y entonces, ya desde muy jóvenes a los dos se les ve que la ambición de cada uno va por un camino completamente distinto que se va a separar mucho más conforme ellos crezcan y les vayan pasando cosas. Ágata siempre trabaja para ella y el éxito le va a llegar tarde o temprano, porque quien busca la excelencia siempre alcanza el éxito. Pero la ambición de Velasco tiene más que ver con los demás, con la capacidad de recuperar un lugar que creyó que le arrebataron, recuperar o ganar poder, dinero, atenciones que a lo mejor no son necesarias o le llevan por un sitio peor. Entonces, digamos que Velasco es como el canal para que reflexionemos sobre adónde te puede llevar la ambición mal llevada.

Por eso la frase del artista…

Inma: Sí, exactamente. El artista es quien trabaja para sí mismo; los artesanos sí trabajan para los demás y por eso se centran solo en el trabajo y en el negocio, pero el artista sí es más impulsivo y libre. Es un anarquista nato de la existencia. Entonces, a mí me parecía muy interesante, precisamente, jugar aquí con los personajes y esta idea.

«El siglo XIX porque es uno en el que yo me siento ya muy cómoda, me parece muy romántico, me gusta, me siento bien allí y esta historia pues había que contarla ubicada allí.«

Otro de los oficios que sale en el libro es el de Guardajoyas Real ¿Cómo ha sido desarrollar esto? ¿Cómo ha sido el proceso?

Inma: Pues mira, esto te parecerá una tontería, pero viene del talento que yo más admiraba de mi abuelo, que era la tasación.
Yo no me he dado cuenta de esta cantidad de ramas dentro de la orfebrería y de la joyería hasta que no he investigado bien, pero ahora me doy cuenta de que mi abuelo era un tasador y diamantista, porque se le daba muy bien identificar las piedras. Yo se lo admiraba mucho, porque a mí se me da fatal. Ahora estoy un poquito mejor, dicen, pero qué va, eso es muy difícil y yo lo admiro mucho. Y claro, esto salió por precisamente documentarme, leer y entonces empecé: «¡Ah, calla!, que dentro de los joyeros también están los…». Investigando en la época, claro, me salen, por ejemplo, los nuestros, que ellos el sello que tenían en su establecimiento era precisamente «Hermanos Melerio, diamantistas», especializados en eso. Y, por supuesto, también, profundizando en el tema de la Casa Real, doy con la figura del guardajoyas. Y digo: «Joder, es que esto iba más allá de un tasador. Es que era alguien designado por el rey y por la familia para que realmente ejerciera como tasador, como intermediario de los encargos que hacía la familia real y, encima, para estar valorando lo que podía llegar por otros joyeros». Entonces, claro, esto en una mente maquiavélica como la mía es muy potente, porque, claro, ya te empiezas a imaginar el Madrid de la época y con todos estos señores, cada uno con su especialidad superrebuscada, moviéndose los unos con los otros, hablando de lo que había hecho fulano de mengano, y ahí el guardajoyas hablando con el rey. Eso me moló mucho.

¿Cómo es la Carrera de San Jerónimo?

Inma: Esto también fue muy circunstancial, precisamente porque uno se pregunta: «¿Dónde están? ¿Dónde se encontraba toda esta gente?». Con la novela de La Cartuja me pasó igual. En Sevilla era fácil identificar el barrio de Triana y la calle Alfarería, porque además se llama así. Pero en este caso la pregunta fue: «Uy, ¿y los joyeros dónde estaban? ¿Lo mismo se distribuían o dónde coincidían?». Y me encontré la grata sorpresa de que muchos de ellos, muy importantes, efectivamente coincidían en la Carrera de San Jerónimo, pero fue porque me puse a documentarme sobre quiénes eran los joyeros que estaban en aquel momento potentes y dónde estaban, y me sorprendió que es que estaban los unos pegados a los otros. Entonces, por eso era inevitable jugar con esa calle para la novela.

De mis personajes favoritos, me ha gustado el barón tasador, pero la condesa italiana no ha sido de mis preferencias… Y otro de los temas que he ido a indagar es sobre los barones, los condes y todas estas cosas. Me dije: «A ver si existía el barón de Valdecarros», pero Valdecarros es un barrio de Madrid o algo por ahí.

Inma: Exacto, y además es un guiño precisamente que hago a la zona de Vallecas, porque Valdecar, claro, Valdecarros ahora se va a convertir en una urbanización que está allí, pero es que también es el final de la línea uno de Madrid, que es donde acaba Vallecas, y me parecía muy guay que el barón más chulesco que iba a tener esta historia fuera el barón de Valdecarros. O sea, esto es una frikada mía total, pero sí, esto de jugar con los estatus de los aristócratas es una cosa que me gusta mucho a mí y la hago, pues, más a mi aire: me invento chorradas, los nombres y tal, o me invento superhistorias, pero que sea coherente dentro de este universo histórico, claro.

«Ágata siempre trabaja para ella y el éxito le va a llegar tarde o temprano, porque quien busca la excelencia siempre alcanza el éxito. Pero la ambición de Velasco tiene más que ver con los demás, con la capacidad de recuperar un lugar que creyó que le arrebataron, recuperar o ganar poder, dinero, atenciones que a lo mejor no son necesarias o le llevan por un sitio peor.»

¿Tú que has escrito la bilogía de La Cartuja y La hija del joyero, piensas que podría ser adaptada a una serie o película? ¿Cuál elegirías si te surgiera la oportunidad?

Inma: Hombre, la verdad es que quiero mucho a las tres historias y a mis tres protagonistas, pero obviamente La dama de La Cartuja es la novela que me ha encumbrado, entre comillas, en el género y por la que la gente me conoce. Me haría muy feliz ver a Macarena de verdad, bailando y haciendo loza cartujana. Pero las demás también, ¿eh? Me encantaría verlas todas adaptadas.

¿Una serie o película? ¿Qué te gustaría más?

Inma: Una serie o película… Hombre, agradecería cualquier adaptación porque creo que tiene mucho mérito, ¿eh? Sobre todo para los profesionales que están detrás. Me parece un reto muy impactante. Respeto total. Pero, hombre, la serie quizás da más para recrearse en más detalles y tal. Está guay.

¿Va a tener La hija del joyero una continuación o se va a quedar con ese final?

Inma: En principio se queda así; vaya, está pensada como una historia autoconclusiva. Pero bueno, los derroteros de la mente nunca se saben.

Si tuvieras que identificarte con dos personajes de la trama, ¿cuáles serían y por qué?

Inma: Hombre, la verdad es que yo creo que los que más se parecen a mí o, por lo menos, en los que he puesto más mi forma de ser, yo creo que son Ágatha y Arturo. Precisamente porque son las dos partes que creo que me conforman un poco. Una es mi parte obsesiva con el trabajo, estar encerrada, crear, alucinar con mi oficio y querer saber más y nunca tener suficiente. Insaciable en ese conocimiento y en mi caso en la creación de historias y tal, pues en Ágatha en la joyería. Pero luego Arturo creo que sí que tiene esa parte guasona y más canalla de mí, que le gusta estar siempre riendo, haciendo bromas. Yo hice mi tesis sobre infohumor televisivo, entonces para mí el humor es muy importante. Y entonces me ha salido este personaje especialmente bromista, pero eso no quita que haya una parte de él que sea muy preocupada por todo lo que le rodea. Entonces, bueno, está esa parte de mí que es bromista, pero con ese trasfondo de pensar: «Oye, las cosas van así y aún así». Siempre son muy diferentes al final a mí y encarnan valores superidealizados que ya quisiera yo tener.

Y ya para finalizar, Inma, ¿qué nos puedes adelantar de tus próximos proyectos, lo que se pueda contar?

Inma: A pesar de que una tarda mucho tiempo en escribir un libro, entiendo que me digan: «Inma, ¿cuándo el siguiente?». Yo siempre les digo: «Tranquilidad, estoy escribiendo. Estoy pensando, estoy estudiando, estoy probando». Entonces, ya estoy pensando en qué voy a hacer, pero evidentemente todavía queda para que se asiente. Lo que tengo clarísimo, eso seguro, es que el género de la histórica romántica, que se adentra en las emociones humanas… y sin duda seguiré ahí. Pero lo siguiente para mí tiene que ser mejor que todas las anteriores y eso a veces necesita cuajar para que coja forma.

<<Para finalizar la entrevista, desde «Afondarenlacultura» damos las gracias a «Inma Aguilera» por su tiempo y dedicación, también por su libro «La Hija del Joyero» y también estaremos atentos a sus próximos proyectos.>>