Clara Mendívil: «Almudena es el primer personaje protagonista que escribo que es ficticio, porque venía de escribir protagonistas reales»

<<Entrevistamos a la autora Clara Mendívil, tras la publicación de su nueva novela «La Costurera de la Reina». Además, Clara es licenciada en Historia. Ha escrito las novelas De viento y sal, Loto Rojo y Retrato de una corte, su primera novela histórica ambientada en España. «La Costurera de la Reina», Madrid, 1784. Almudena Serrano ha pasado la infancia entre telas en el taller de su padre. Ahora tiene catorce años, un talento extraordinario para la aguja y un sueño que parece imposible para una muchacha de su condición: abrirse camino en la costura y llegar algún día a palacio.>>

¿Quién es Clara Mendívil para quien no conozca tu proyecto?

Clara: Soy una escritora de novela histórica con aventuras e intriga. Que hace unos poquitos años, dos años creo que hace, no más, le dio un vuelco a su vida y dejó el trabajo al que se había dedicado durante doce años para dedicarse a la escritura y a la literatura. Porque además me encargo también de dar servicios editoriales.

He visto que ayudas a escritores a mejorar la escritura, que tienes un blog…

Clara: Así es, así es. Tengo un blog, efectivamente, y doy servicios de mentoría literaria para escritores que quieren aprender a crear una novela de calidad editorial. Trabajamos trama, trabajamos estructura, trabajamos personajes, trabajamos conflicto, todos esos tipos de cosas. Hago editing también, que es ayudar a mejorar un manuscrito ya existente y consultorías en las que hay gente que tiene una pequeña duda, que no requiere tal vez de una mentoría muy larga de varios meses, pero que no sabe cómo empezar o se ha quedado atascada en un punto de la escaleta o es muy novata porque es la primera vez que escribe y tiene muchas ideas, pero no sabe cómo ponerse al lío. Y entonces en una sesión le ayudo un poquito también a eso. Es muy divertido, a mí me gusta muchísimo.

«La costurera de la reina» son los Borbones, es un protocolo totalmente diferente. Almudena entra por un sitio totalmente diferente, porque ella es costurera, no tiene nada que ver en principio con el entorno real, como podía ser el caso de Velázquez.»

Comenzaste publicando “De Viento y Sal”, ¿Qué recuerdos guardas de aquellos inicios?

Clara: Pues mi primera novela fue con una editorial de Zaragoza, que no sé si los conocerás, supongo que siendo de aquí sí. Tengo una experiencia maravillosa, guardo un recuerdo maravilloso de ellos, de hecho ahora somos amigos, quedamos muy a menudo. Y claro, yo llegué al mundo editorial sin tener ni idea, sin conocer a nadie, de nuevas totalmente, y ellos me ayudaron muchísimo, muchísimo. Cuando terminé la segunda novela y ya decidí que quería probar con la editorial nacional, con la edición nacional, de hecho ellos me apoyaron un montón. Sí, sí, me apoyaron mucho. Y mi experiencia en La Esfera de los Libros también fue muy buena. La verdad es que solo tengo buenas palabras. Después llegué a Ediciones B, que espero que sea mi casa durante mucho tiempo, porque hay un equipo maravilloso aquí y me siento muy arropada y muy contenta de pertenecer a este sello, la verdad. Mi experiencia ha sido muy buena en general.

Recientemente has publicado «La costurera de la reina». ¿Cómo te surge la primera idea de esta novela?

Clara: Fue por casualidad. Llegó hasta mí la Real Cédula de 1784, que es la que permitía a las mujeres ejercer la costura, u otros oficios también, los que ellos decían apropiados para su sexo. Eso es lo que decía la cédula. Pero entre ellos estaba la costura, y la verdad es que la fecha me llamó la atención porque evidentemente, aunque las mujeres siempre han trabajado fuera de casa, lo hacían en los talleres familiares, no con nombre propio. Y me pareció incluso pronto para que se reconociera ese derecho. Entonces empecé a investigar y descubrí, pues, todo ese mundo de la costura, de las costureras, de las modistas. Fue por toda España, pero evidentemente, en Madrid fue donde más boom tuvo. Y empecé a tirar del hilo y se me empezó a ocurrir una historia con un personaje ficticio, que es Almudena, pero que representa a toda esa primera generación de costureras que decidieron lanzarse a por su sueño y labrarse un futuro. Y empecé a crear la historia a raíz de ese origen, de esa chispa inicial totalmente casual, que fue encontrarme con esta cédula.

Esta cédula te ha permitido, seguir estando en la corte… Porque vienes de investigadora de Diego de Velázquez, y ahora pasas al guardarropa. ¿Cómo ha sido esa transición?

Clara: Pues lo cierto es que, aunque es verdad que las dos novelas transcurren en la corte y las dos novelas transcurren en Madrid, «Retrato de una corte» es solo una parte, porque empieza en Sevilla, y «La costurera de la reina», toda ella, para mí, ha sido muy diferente, porque estamos hablando, hasta físicamente, de dos sitios distintos. En «Retrato de una corte» estamos hablando del Alcázar, estamos hablando de los Austrias, estamos hablando incluso de un espacio físico diferente, porque no estaban todavía en el Palacio Real. Y «La costurera de la reina» son los Borbones, es un protocolo totalmente diferente. Almudena entra por un sitio totalmente diferente, porque ella es costurera, no tiene nada que ver en principio con el entorno real, como podía ser el caso de Velázquez. Entonces, a pesar de que sí que puede parecer que hay ciertas similitudes, como el hecho de que sea en una corte, para mí, quitando eso, que hay reyes y reinas, ha sido muy diferente, porque todo el contexto ha sido distinto.

A raíz de la cédula, ¿cómo ha sido el proceso de documentación y por qué has elegido el 1700?

Clara: 1784, porque es cuando se publicó. Entonces yo quería que la historia de Almudena empezara cuando esto era una novedad. Valoré en un primer momento hacerlo más adelante, pero más adelante, cuando ya estaba esto más asentado y cuando ya se había aceptado más, me pareció que perdía emoción. Porque, claro, al principio hubo muchos problemas. Los gremios no estaban de acuerdo con que las mujeres empezasen a trabajar. Entonces dije: «No, yo quiero a alguien que aproveche esta cédula, que le pille en la edad perfecta para decir: “Muy bien, pues yo quiero formarme como costurera y llegar a esto”». Entonces, por eso decidí que hubiera tan poca diferencia entre la publicación de la cédula y que Almudena empezase su historia.

«Llegó hasta mí la Real Cédula de 1784, que es la que permitía a las mujeres ejercer la costura, u otros oficios también, los que ellos decían apropiados para su sexo.»

En esos símbolos bordados, imagino que habrás tenido que escudriñar patrones y todas estas cosas de la moda. ¿Crees que existen en la actualidad estos símbolos o eso ya ha quedado en la historia?

Clara: Yo creo que ahora mismo no. Es una pena, pero yo creo que ahora es todo estética. Nunca se sabe, igual hay algún grupo que los utiliza para comunicarse, no lo sabemos. Pero, aunque me gustaría pensar que sigue existiendo un simbolismo, ahora mismo creo que es estética y moda, así.

Sin embargo, aunque no lo sepamos en realidad, pero en las sociedades secretas y asambleas nacionales, ahí sí que puede…

Clara: Por supuesto. Evidentemente, a ver, los símbolos existen y los símbolos también se bordan, pero son símbolos conocidos por todos, no símbolos secretos. Ahí me gusta pensar que sí que habrá quien los utilice.

Sin desvelar mucho de la trama, ¿quién es Almudena y cómo ha sido escribir ese personaje?

Clara: A Almudena yo le he cogido muchísimo cariño, porque piensa que es el primer personaje protagonista que escribo que es ficticio totalmente, porque yo venía de escribir protagonistas reales, históricos, evidentemente ficcionados, novelados, con una parte mía, de creatividad, pero reales. Con Almudena me he encontrado que la he podido crear desde el principio como yo he querido, como yo me la imaginaba, sin ningún tipo de encorsetamiento porque se supiera que era de una manera o que era de otra. He creado su historia entera. Ha sido muy, muy, muy divertido, me ha gustado muchísimo la experiencia. Y sí que tenía muy claro que Almudena tenía que ser una mujer, una muchacha, porque empieza siendo una adolescente, pero luego se convierte en una mujer muy trabajadora, muy ambiciosa, porque nadie sin ambición llega hasta donde llega ella, muy leal, muy consciente de lo que está bien y de lo que está mal, pero también muy tozuda, porque cuando quiere descubrir algo, que no vamos a desvelar demasiado, no se le pone nada por delante para conseguirlo.

En esa tozudez, ¿te sientes reflejada? ¿Tienes algo similar con Almudena en tu vida?

Clara: Pues no te sabría decir, porque yo sí que he evitado volcar mi personalidad en mis personajes por varios motivos. Uno, porque no me gusta, porque intento guardarme para mí lo mío, por decirlo así, y otro, porque el contexto histórico es muy diferente. Entonces no podemos ser iguales, porque nuestras sociedades no son iguales. Pero siempre se cuela algo. Y me gusta pensar que parte de los valores que yo tengo, sí que están ahí. Algo hay, algo hay. He empezado diciendo que no y al final tengo que admitir que sí, que algo hay.

«Almudena yo le he cogido muchísimo cariño, porque piensa que es el primer personaje protagonista que escribo que es ficticio totalmente, porque yo venía de escribir protagonistas reales, históricos, evidentemente ficcionados, novelados, con una parte mía, de creatividad, pero reales.»

El papel de la mujer en la novela, con Almudena dentro del 1784. ¿Qué opinión tienes sobre el papel de la mujer en aquella época?

Clara: Evidentemente, el papel de la mujer en esta época no era nada fácil, porque uno de los motivos por los que se les permitió entrar al mundo laboral, que nos dio muchos derechos y que aprovechamos al máximo, pero en realidad la verdad es que fue porque querían liberar una mano de obra muy barata, muy abundante, que eran las mujeres, y que les convenía que estuvieran trabajando, porque España en ese momento tenía que aumentar su producción en distintos oficios para poder competir con Europa, por decirlo así. Entonces, nos encontramos mujeres que aprovecharon esto porque querían ser independientes, pero que se encontraron con un problema fundamental, que hasta ahora también sigue, que es que trabajaban fuera de casa, trabajaban dentro de casa, porque ellas seguían siendo las que tenían que sacar adelante la familia, las que tenían que criar a los hijos, las que tenían que cocinar, que limpiar, etcétera. Entonces, no era una vida fácil, evidentemente. No era una vida fácil para nadie en esa época, en la clase trabajadora. Pero al mismo tiempo yo creo que estamos ya entrando en un momento en el que la gente también sabe disfrutar. Igual que vemos en los tapices de Goya, tenemos esas ferias de San Isidro, tenemos esas fiestas populares, es decir: «Vale, sí, trabajamos mucho, pero también tenemos este espacio de ocio muy unido con la religión, siempre evidentemente, pero ese espacio de bailar, de compartir». Entonces, ¿era una vida fácil? Evidentemente no, pero me gusta pensar que también sabían disfrutar de esos pequeños momentos.

Imagen cedida por la autora Clara Mendívil

De hecho, a lo largo de la novela, has sacado algunos extractos, como que la mujer se le podía tapar al hombre. Por cierto decoro, no podía enseñar más de lo estrictamente necesario… Incluso dentro de palacio también se ve con la reina María Antonieta y la infanta María Josefa.

Clara: Sí, así es. Claro, es que las modas van cambiando. Entonces sí que, lo mismo Goya nos lo muestra muy bien, porque en muchos de sus tapices y de sus cuadros, vemos vestidos que son más cortos, porque se llega a ver el zapato. Eso antes no se veía; los vestidos llegaban hasta el suelo. Sí que se ve el zapato, pero hasta ese punto de: ¡ojo!, se puede ver el zapato si quieres. Si eres muy atrevida, puedes enseñar un poquito el empeine, pero el tobillo, que no se vea, porque ahí ya tu reputación acaba por los suelos. Entonces se ve, como bien dices, en la reina y en la infanta, en cómo van tomando esas nuevas modas para sí mismas, porque la moda siempre ha sido una forma de enseñarse a los demás, por decirlo así. Y en el caso de las mujeres era muy importante, porque un fallo podía acabar con tu reputación por los suelos, como que enseñaras un poquito más.

Dentro de esa nobleza, ¿cómo ha sido describir el guardarropa de la reina?

Clara: Pues es que he descubierto — porque esto no lo sabía antes de la investigación— que era casi una ciudad en miniatura. Tenía muchísimos trabajadores: tenía sastres, tenía modistas, costureras, zurcidoras, bordadoras… Evidentemente, tenía de todos los gremios. Pero entraba muchísimo material: se llevaba un inventario de todo lo que entraba, de los vestidos que salían, de lo que se ponía un día, de lo que se ponía otro. Estaba continuamente entrando y saliendo gente, encargos, paquetes. Yo me lo imagino como un sitio con mucho ajetreo. Por eso, a veces, en la novela, cuando están en la sala de costureras, hay como un poquito más de paz; y a veces, cuando salen a las salas comunes, se ve gente que va y que viene. Pero, vamos, tenía que ser un sueño. No sé cómo será el de la reina actual, pero tiene que ser un sueño estar ahí, pasear entre esos vestidos. (entre risas).

«El Pardo, es que me gustaba mucho, más que el palacio en sí: el concepto. El concepto de que la familia real se marchaba allí a descansar —por decirlo así—, a cazar; que la corte estaba reducida; que había como un poquito más de manga ancha a la hora de relacionarse —por supuesto, no entre la nobleza y la clase baja, pero sí, por ejemplo, entre los trabajadores—, porque, claro, se alojaban allí, fuera de sus residencias de Madrid.»

Lo que sí que es que la Casa Real habla directamente con las marcas; no es como antes, que tenían que esperar a traer la moda de Francia, etcétera….

Clara: Exacto! Sí, eso es así. Aunque María Luisa de Parma aprovechaba bastante sus contactos para ser de las primeras en recibir las cosas, las novedades.

¿Cómo ha sido viajar a El Pardo?

Clara: El Pardo, es que me gustaba mucho, más que el palacio en sí: el concepto. El concepto de que la familia real se marchaba allí a descansar —por decirlo así—, a cazar; que la corte estaba reducida; que había como un poquito más de manga ancha a la hora de relacionarse —por supuesto, no entre la nobleza y la clase baja, pero sí, por ejemplo, entre los trabajadores—, porque, claro, se alojaban allí, fuera de sus residencias de Madrid. Entonces había como más convivencia entre todos, y me gustaba un poco esa idea —no voy a decir de campamentos, porque evidentemente es la corte y no lo es—, pero sí de que se difuminen un poquito los límites tan rígidos que había en el Palacio Real. Entonces, las partes de El Pardo eran como un respiro, un balón de oxígeno. En la novela me ha gustado, sí, mucho imaginar eso.

¿Tienes pensado seguir por la corte o cambias de aires?

Clara: Todavía no lo sé. Tengo varias ideas y algunas transcurren en la corte, porque, a ver, es que me encanta el tema de los cotilleos reales. Creo que somos muchos a los que nos gustan esas cosas, y me gusta cómo se mueven los entresijos del poder.
Cómo se mueve la información, cómo se mueve el poder, qué acceso tiene a esas cosas gente que igual no debería tenerlo, pero que, como son trabajadores, están ahí y oyen, escuchan y conocen.
Entonces todavía no lo sé, pero no me importaría; la corte me gusta.

Puesto a soñar, si te dieran la oportunidad de traspasar este libro a pantalla, ¿Qué te gustaría película o serie?

Clara: Pues cualquier cosa. Me encantaría ver a Almudena en la gran pantalla y en la pequeña. Es que me da igual. Yo creo que, a ver, una película podría ser un espectáculo, pero, como siempre, una serie, si la serie está cuidada y está bien hecha, al ser varios episodios y tener más tiempo, pues tienes muchas más posibilidades de desarrollar toda la trama. En una película siempre se cortan más cosas por tema de espacio. Pero bueno, no voy a poner peros. Me daría igual, me encantaría cualquiera de las dos opciones.

Si tuvieras que identificarte con dos personajes de la trama, ¿cuáles serían y por qué?

Clara: ¡Uy, qué pregunta! Me gusta, evidentemente, me gusta mucho Almudena, porque para eso la he creado yo y la he metido ahí en medio de todas estas aventuras. Me identifico bastante con sus ganas de salir adelante, con su ambición, con su «aunque digan que esto no lo puedo hacer, yo creo que sí que puedo» y me da igual lo que opinen los demás. Por ese lado, Almudena me gusta bastante, me gusta mucho, evidentemente. Y luego hay otro personaje del que no puedo hablar mucho porque sale casi al final, que es una viuda noble, que me gusta muchísimo porque representa a esas mujeres que no tuvieron poder de decisión en ningún momento de sus vidas, y que, llegado un momento, son libres por fin y ya no las puede parar nadie.

«Creo que somos muchos a los que nos gustan esas cosas, y me gusta cómo se mueven los entresijos del poder. Cómo se mueve la información, cómo se mueve el poder, qué acceso tiene a esas cosas gente que igual no debería tenerlo, pero que, como son trabajadores, están ahí y oyen, escuchan y conocen.»

Y ya para terminar, Clara, ¿Qué nos puedes contar de tus próximos proyectos, lo que se pueda contar?

Clara: Pues es lo que te he dicho: todavía no tengo uno definido. Estoy entre… Siempre lo hago igual: tengo muchísimas ideas, muchísimas, más del tiempo que tengo para desarrollarlas. Entonces, cuando termino una novela, ya empiezo a darle vueltas a la siguiente, porque es que si no, me pican los dedos. O sea, es que yo quiero escribir. Entonces, estoy con tres proyectos desarrollándolos un poquito, diciendo: «Bueno, pues estos pueden ser los personajes, esta puede ser la historia».
Investigando un poquito la época, sin meterme en una investigación a fondo, que evidentemente lleva mucho tiempo, pero investigando un poquito, creando un poquito lo que podría ser la historia, por decirlo así, y, en algún momento, siempre hay una que se adelanta, que requiere más atención, y entonces, pues ahí tengo mi siguiente proyecto, pero todavía no he llegado a ese punto.

Ahora toca disfrutar de «La costurera de la reina».

Clara: Sí, estoy con la promoción. Es verdad que estoy disfrutando muchísimo, porque estoy hablando con mucha gente, estoy recibiendo las primeras reseñas, y eso es superemocionante. Y, entonces, sí que es verdad que estoy concentrada en disfrutar de este momento, pero hay una parte de mi cerebro que está ahí trabajando en la siguiente, porque me lo pide el cuerpo.

<<Para finalizar la entrevista, desde «Afondarenlacultura» damos las gracias a «Clara Mendívil» por su tiempo y dedicación, también por su libro «La Costurera de la Reina» y también estaremos atentos a sus próximos proyectos.>>